Recibí este libro por carta hace unas semanas y, sin esperar a terminar los libros en cola de la mesilla de noche, lo abrí con curiosidad. Había escuchado mucho hablar de este autor, siempre maravillas. Pero no imaginaba qué tipo de historias se encuentran en las páginas escritas por Auster.
El argumento me pareció sencillo, sin pistas sobre la evolución de la historia: Nashe es abandonado por su mujer y decide abandonarlo todo, pasar página, recibe la herencia de su padre y se pone a conducir. Sí, empieza a conducir: kilómetros y kilómetros. Indagación humana en la descripción de sensaciones del protagonista; la liberación de dejarlo todo atrás, la incertidumbre, el crecimiento interior hacia un punto indefinido. Un primer capitulo magistral rastreando sentimientos con los que podemos empatizar, comprender y definir sensaciones que todos hemos tenido.
Nashe se encuentra con Jack Pozzi, un jugador de cartas enigmático, y así cambiará el rumbo de sus vidas. Un giro para el que no están avisados. Todo comenzará con una partida de poker en la casa de dos excéntricos millonarios. Y empieza a suceder: la suerte, el azar, las pasiones más bajas y altas de cada uno, las personas en situaciones límite, un muro y los vaivenes del dinero en nuestra sociedad.
"Da igual el dinero que tengas. Si no hay una pasión en tu vida, no vale la pena vivir."
La historia comienza sin un hilo previsible, y es aún menos previsible lo que se va sucediendo. El estudio humano no cesa en toda la lectura que se reviste de sencillez y facilidad. Entramos en una atmósfera digna de cuento gótico, de terror psicológico, de histeria azarosa y miedo de lo desconocido. Entramos en un mundo con rasgos macabros, que desmigajan al ser humano en todos sus planos y contradicciones.
Inteligente, original y misterioso. Un estudio sobre la libertad y las pasiones.
Me gustaría contaros más; sin embargo, me voy a morder la lengua y a recomendaros su lectura.
Hoy, 6 de marzo, García Márquez cumple ochenta y seis años.
Un gran genio cargado de bondad que nos regala mundos para adornar el que nos ha tocado vivir.
Dejo esta "Carta" que hace tanto tiempo escribió como despedida. Deseando aún unos cuántos trozos más de vida. Texto agridulce, lleno de esperanza y nostalgia; las frases de este escrito están fragmentados en todas nuestras cabezas, como frases únicas que resuenan como ecos.
Si supiera que estos son los últimos momentos que te veo, diría te quiero y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Fotografía: Indiana Forti ("No rostros")
www.indianaforti.com
Si por un momento Dios se olvidará de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más. Entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía cuando los demás hablan y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, una canción de Serrat sería la serenata. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío si yo tuviera un trozo de vida... no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero que la quiero. Convencería a cada hombre o mujer de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas las cosas que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Si supiera que hoy es la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que ésta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos momentos que te veo, diría te quiero y no asumiría tontamente que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesites, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles lo siento, perdóname, por favor, gracias y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos cuánto te importan.
La magia de la sencillez en la poesía está reservada para unos pocos.
Los versos de Benedetti, a primera vista, faltos de complejidad poseen alma.
"El amor, las mujeres y la vida" es un libro que me acompaña en cada viaje, por corto o cercano que sea.
En palabras del autor: "El amor es uno de los elementos emblemáticos de la vida. Breve y extendido, espontáneo o minuciosamente construido, es de cualquier manera un apogeo en las relaciones humanas."
Al leerlo, sólo me viene a la mente la dulzura y el milagro que es la vida; el milagro que es el amor.
Abro el libro y os dejo unos poemas.
Como siempre, la fotografía que utilizo para los videos es de Indiana Forti ("No rostros"), que me regaló la oportunidad de capturar mi alma en una imagen.
www.indianaforti.com
Mucho más grave.
Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo
y eso en verdad no es nada extraordinario
vos lo sabés tan objetivamente como yo
sin embargo hay algo que quisiera aclararte
cuando digo todas las parcelas
no me refiero sólo a esto de ahora
a esto de esperarte y aleluya encontrarte
y carajo perderte
y volverte a encontrar
y ojalá nada más
no me refiero sólo a que de pronto digas
voy a llorar
y yo con un discreto nudo en la garganta
bueno llorá
y que un lindo aguacero invisible nos ampare
y quizá por eso salga enseguida el sol
ni me refiero sólo a que día tras día
aumente el stock de nuestras pequeñas
y decisivas complicidades
o que yo pueda o creerme que puedo
convertir mis reveses en victorias
o me hagas el tierno regalo
de tu más reciente desesperación
no
la cosa es muchísimo más grave
cuando digo todas las parcelas
quiero decir que además de ese dulce cataclismo
también estás reescribiendo mi infancia
esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes
y los solemnes adultos las celebran
y vos en cambio sabés que eso no sirve
quiero decir que estás rearmando mi adolescencia
ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos
y vos sabés en cambio extraer de ese páramo
mi germen de alegría y regarlo mirándolo
quiero decir que estás sacudiendo mi juventud
ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos
esa sombra que nadie arrimó a su sombra
y vos en cambio sabés estremecerla
hasta que empiecen a caer las hojas secas
y quede el armazón de mi verdad sin proezas
quiero decir que estás abrazando mi madurez
esta mezcla de estupor y experiencia
este extraño confín de angustia y nieve
esta bujía que ilumina la muerte
este precipicio de la pobre vida
como ves es más grave
muchísimo más grave
porque con estas o con otras palabras
quiero decir que no sos tan sólo
la querida muchacha que sos
sino también las espléndidas
o cautelosas mujeres
que quise o quiero
porque gracias a vos he descubierto
(dirás que ya era hora
y con razón)
que el amor es una bahía linda y generosa
que se ilumina y se oscurece
según venga la vida
una bahía donde los barcos
llegan y se van
llegan con pájaros y augurios
y se van con sirenas y nubarrones
una bahía linda y generosa
donde los barcos llegan
y se van
pero vos
por favor
no te vayas.
Rostros de vos
Tengo una soledad tan concurrida tan llena de nostalgias y de rostros de vos de adioses hace tiempo y besos bienvenidos de primeras de cambio y de último vagón.
Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión por colores tamaños y promesas por época por tacto y por sabor.
Sin un temblor de más, me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras de noches y deseos de risas y de alguna maldición.
Mis huéspedes concurren, concurren como sueños con sus rencores nuevos su falta de candor. Yo les pongo una escoba tras la puerta porque quiero estar solo con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan a su hambre miran y miran y apagan la jornada.
Las paredes se van queda la noche las nostalgias se van no queda nada.
Ya mi rostro de vos cierra los ojos.
Y es una soledad tan desolada.
No te salves.
No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo
pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo.
Cuerpo docente
Bien sabía él que la iba a echar de menos pero no hasta qué punto iba a sentirse deshabitado no ya como un veterano de la nostalgia sino como un mero aprendiz de la soledad.
Es claro que la civilizada preventiva cordura todo lo entiende y sabe que un holocausto puede ser ardua pero real prueba de amor si no hay permiso para lo imposible.
En cambio el cuerpo como no es razonable sino delirante al pobrecito cuerpo que no es circunspecto sino imprudente no le van ni le vienen esos vaivenes no le importa lo meritorio de su tristeza sino sencillamente su tristeza.
Al despoblado desértico desvalido cuerpo le importa el cuerpo ausente / o sea le importa el despoblado desértico desvalido cuerpo ausente y si bien el recuerdo enumera con fidelidad los datos más recientes o más nobles no por eso los suple o los reemplaza más bien le nutre el desconsuelo.
Bien sabía él que la iba a echar de menos lo que no sabía era hasta qué punto su propio cuerpo iba a renegar la cordura.
Y sin embargo cuando fue capaz de entender esa dulce blasfemia supo también que su cuerpo era su único y genuino portavoz.
Chau número tres.
Te dejo con tu vida tu trabajo tu gente con tus puestas de sol y tus amaneceres sembrando tu confianza te dejo junto al mundo derrotando imposibles seguro sin seguro te dejo frente al mar descifrándote a solas sin mi pregunta a ciegas sin mi respuesta rota te dejo sin mis dudas pobres y malheridas sin mis inmadureces sin mi veteranía pero tampoco creas a pie juntillas todo no creas nunca creas este falso abandono estaré donde menos lo esperes por ejemplo en un árbol añoso de oscuros cabeceos estaré en un lejano horizonte sin horas en la huella del tacto en tu sombra y mi sombra estaré repartido en cuatro o cinco pibes de esos que vos mirás y enseguida te siguen y ojalá pueda estar de tu sueño en la red esperando tus ojos y mirándote.
Una tarde de domingo puede ser la prueba palpable de que cualquier situación puede arreglarla un libro.
Minucias diarias que pueden marcar tu vida.
Una tarde que empieza temprano, en la que se planean hacer un montón de cosas y el universo parece conspirar para que sea imposible, y lo único que te deja hacer es subir y bajar a través de un cristal, viendo como todo está estático fuera de esa cápsula.
La sensación de estar en un agujero.
Y, de pronto, un vistazo en una librería, una edición que huele a libro de otra época.
El libro se abre por la página que ha elegido y vuelve la magia.
Puede pasar, por ejemplo, en una estación de metro. Los versos te buscan, los compartes con alguien y, sucede: la mirada más importante de tu universo conecta directamente con tu propia mirada.
La lluvia lo ha limpiado todo, las miradas se buscan con ilusión, y el día se ha convertido en un día digno de ser vivido.
Esta pequeña anécdota es mi introducción a este soneto.
Que sigue cortando almas a medida.
Fotografía: Indiana Forti ("No rostros")
www.indianaforti.com
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo que aún de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
Julio Cortázar, el hombre que cambió mi vida.
(aprovechando el día que pasó a la eternidad)
Desde mi primera lectura de sus lineas, me dedico a buscar, en el mundo que creemos conocer, la magia sublime que empapa toda su literatura.
¿Encontraría a la Maga?
Creador de un universo de belleza real.
Me atrevo a tacharle de uno de los grandes genios que ha conocido la humanidad.
Y este es, probablemente y con el poco recorrido hecho, uno de los textos más hermosos de toda la literatura hispánica.
Fotografía: Indiana Forti ("No rostros")
www.indianaforti.com
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Me atrevo a leer este poema en prosa de Jaime Sabines, a la sombra de todas las grabaciones que hay del propio autor. Me atrevo porque me parece uno de los textos más hermosos. Frente a su ímpetu, mi nostalgia.
Cuando una palabra se escribe, se tatúa, adquiere otra dimensión. El autor la reparte como el sol reparte luz para crear belleza. Así, hago de estas líneas un pedacito de mí.
Así es, ¿quién podría quererte menos que yo, amor mío?
Agradezco a Indiana Forti por la fotografía de fondo. Le agradezco, también, por su sinceridad en el mundo; por su manera de mirar, con la pasión que despierta la inquietud humana.
Mucho más que recomendable.
Sus fotografías se pueden encontrar en www.indianaforti.com
TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA, y a las once, y a las doce
del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en
las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando
me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el
trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte
sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás
hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre,
que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo
me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a
mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la
boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días
también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la
mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis
penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves.
¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?
Una mañana cualquiera, entre las estanterías de la biblioteca de la universidad, encontré a este poeta. Tenía un título que no podía dejar escapar "Nostalgia de la muerte". En este libro también aparece un ciclo llamado "Décimas de nuestro amor", que guardo en la lista de pendientes.
"Deseo" describe ese tipo de amor que se vive cuando te niegas a no amar.
Yo, y creo que como cualquier ser humano, necesito este sentimiento.
Al escuchar estos versos, en cada pensamiento existe un olor, una mirada; quizá no aparezca un nombre nítido. Ese secreto es la fortuna de cada uno de nosotros.
Espero que lo disfrutéis con la emoción que sentí, aquella mañana cualquiera, cuando estos versos me encontraron a mí.
Eme.
Amarte con un fuego duro y frío. Amarte sin palabras, sin pausas ni silencios.
Amarte sólo cada vez que quieras, y sólo con la muda presencia de mis actos.
Amarte a flor de boca y mientras la mentira no se distinga en ti de la ternura.
Amarte cuando finges toda la indiferencia que tu abandono niega, que funde tu calor.
Amarte cada vez que tu piel y tu boca busquen mi piel dormida y mi boca despierta.
Amarte por la soledad, si en ella me dejas. Amarte por la ira en que mi razón enciendes.
Y, más que por el goce y el delirio, amarte por la angustia y por la duda.